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viernes, 26 de febrero de 2010

Cumple 92 años Osmar Maderna


Pehuajó, la ciudad que María Elena Walsh hiciera famosa con su Tortuga Manuelita, fue la que recibió en este mundo a Don Osmar.

Nació un 26 de febrero de 1918 siendo el octavo hijo de un famoso músico vernáculo, Juan Maderna, quién, en orquestas pehuajenses, ejecutaba el acordeón a piano y el armonio a fuelle.

Maderna comenzó formando una orquesta llamada Vitaphone, pero en el año 1938 se mudó a Buenos Aires. Se fue diciéndole a su hermano que si preguntaban por él, dijera que se había ido a comprar un bandoneón.

Ya en la gran ciudad, logra rápidamente sus primeros espacios radiales y tiene una oportunidad en una orquesta de no mucho fuste: la de Manuel "Nolo" Fernández.

La vida le va a hacer un guiño en 1939, cuando Miguel Caló lo convoca para integrar su conjunto, ya que había sufrido la baja de Atilio Stamponi.

Esa maravillosa formación estaba compuesta nada más ni nada menos que por Enrique Mario Franchini al violín y los bandoneones de Armando Pontier, Domingo Federico y Eduardo Rovira. Años más tarde, todos, absolutamente todos, formaron sus orquestas.

Con esta magnífica combinación de músicos se lograron 80 grabaciones invalorables, entre las que se destacan SANS SOUCI e INSPIRACIÓN, en las que se aprecia un lucimiento notable de Don Osmar.

En una de las presentaciones de esta estupenda orquesta, Maderna conoce a la que sería su esposa, la bragadense Olga Reneé Mazzei, con la que se casa en 1947.

Maderna abandona la orquesta de Caló en 1945 y se lleva a uno de los cantores, Raúl Iriarte. Pero ese emprendimiento no duró mucho, ni tuvo demasiado vuelo. Ese dueto fue tan decepcionante que, al poco tiempo, Iriarte decide regresar con Caló, y Maderna continúa solo, esta vez, formando su propia orquesta.

Con la nueva formación toca en el Café Marzotto de la calle Corrientes, en Tango Bar y en las históricas radios Belgrano y El Mundo.

Llegado el año 1946, Maderna graba su primer disco de pasta para el sello uruguayo Sondor y luego lo haría para el sello Víctor en Buenos Aires.

Las placas contenían versiones de exquisito nivel, con grandes cantores como Héctor de Rosas, Mario Corrales, Adolfo Rivas, Pedro Dátila y sin dudas, el más destacado de ellos: Orlando Verri.
CHIQUE, OJOS NEGROS, EL BAJEL, EL BAQUENO, QUÉ NOCHE, EL RODEO, EL PILLETE, CHARAMUSCA, INSPIRACIÓN, AROMA Y LA CAUTIVA son algunas de las obras grabadas por la orquesta de Maderna que más deslumbraron por aquellos años.

Sus composiciones:

Jamás retornarás (1942, Tango, letra y música con Miguel Caló)
Qué te importa que te llore (1942, Tango, letra y música en colaboración con Miguel Caló)
Trasnochando (1942, Tango, letra con Santiago Adamini y música de Armando Baliotti)
Cuento azul (1943, Tango, en colaboración con Miguel Caló y letra de Julio Jorge Nelson)
Luna de plata (1943, Vals, letra y música en colaboración con Miguel Caló)
En tus ojos de cielo (1944, Tango, letra de Osmar Maderna y música de Luis Rubinstein)
La noche que te fuiste (1945, Tango, letra de José María Contursi)
Concierto en la luna (1946, Tango instrumental)
El vuelo del moscardón (1946, Tango instrumental, adaptación del tema original de Nikolái Rimsky-Kórsakov)
Rincones de París (1947, Tango, letra de Cátulo Castillo)
Volvió a llover (1947, Tango, letra de Cátulo Castillo)
Lluvia de estrellas (1948, Tango instrumental)
Pequeña (1949, Vals, letra de Homero Expósito)
Escalas en azul (1950, Tango instrumental)
Amor sin olvido (Tango, letra de Leopoldo Díaz Vélez).

La otra pasión de Maderna era la aviación. En su estadía en Buenos Aires se había recibido de piloto civil y, el 28 de abril de 1951, estando en el aeródromo de Monte Grande, el aviador Alberto López, lo desafió a una competencia aérea.

Allí comenzó una discusión con su esposa, quien estaba embarazada y se oponía firmemente a la prueba. Sin embargo, Osmar Maderna y Ernesto Prougenes subieron a uno de los aviones. En el otro, Alberto López y su acompañante, de apellido Roura.

La competencia venía sin problemas en el trayecto que une Monte Grande con Lomas de Zamora, pero en el regreso, cuando comenzaron a hacer peligrosas piruetas en el aire, los aviones se tocaron provocando la caída de la nave piloteada por Maderna. La máquina se precipitó a tierra desde casi 200 metros de altura. Mientras López logró planear un tiempo su avión averiado, colisionó con una casilla y fue trasladado con su compañero a un hospital.

Pero la suerte no fue la misma para Maderna y Prougenes. Ambos murieron en el acto. El disgusto que le provocó la tragedia a su esposa Olga, ocasionó la pérdida de su embarazo.

Fue corta la vida de Don Osmar, aunque suficiente para dejarnos un material discográfico magnífico que nos lo hace tener con nosotros cada día.

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