Guitarrista, compositor y maestro de canto, Lorenzo Ranieri recorrió buena parte de la historia del tango desde los márgenes, entre casas de inquilinato, cafés, guitarras y escenarios. Discípulo de Ángel Domingo Riverol, acompañó a grandes intérpretes y dejó una obra que también rindió homenaje a colegas, figuras populares y al fútbol.
El 7 de septiembre de 1909 nacía Lorenzo Ranieri, un músico cuya vida quedó estrechamente ligada a la guitarra, al tango y a esa Buenos Aires donde los sonidos de los cafés y los patios de las casas de inquilinato formaban parte del paisaje cotidiano. Murió el 2 de agosto de 1993, después de haber transitado más de ocho décadas entre melodías, escenarios y encuentros con algunas figuras fundamentales de la música popular.
Hijo de Felipe Ranieri, un escultor italiano, Lorenzo también desarrolló esa disciplina artística, aunque fue la guitarra la que terminó marcando su destino. Su hogar estuvo en una casa de inquilinato de Sarandí 148, casi al lado de donde, en el número 154, vivió José Razzano cuando ya era mozo, guitarrero y cantor. La cercanía entre ambas viviendas parecía anticipar una vida atravesada por la música.
Su formación guitarrística tuvo un capítulo decisivo junto a Ángel Domingo Riverol, reconocido guitarrista que posteriormente acompañaría a Carlos Gardel. Ranieri recordaría años después aquel encuentro en un café de Floresta, donde había visto tocar a Riverol junto a Juan Buscaglia. Precisamente Buscaglia fue su primer maestro y, cuando debió marcharse de gira con un circo, lo recomendó con Riverol.
Riverol lo recibió y comenzó a enseñarle por apenas cinco pesos mensuales. Cuando Ranieri ya no pudo pagarle, el maestro decidió continuar las clases sin cobrarle. Aquella generosidad quedó grabada en su memoria. Más tarde, cuando Riverol fue contratado por Gardel, las circunstancias impidieron que siguiera con su enseñanza.
Con los años, Ranieri construyó una extensa trayectoria. Formó con Félix Vera el dúo Dos guitarras en la noche y también integró un trío junto a Alfredo Calabró y Arturo Gallucci, que durante varias temporadas de la década de 1970 actuó en el recordado Mesón Español de la avenida Caseros.
Acompañó a numerosos intérpretes, entre ellos Alberto Castillo, y compartió caminos musicales con Ángel Cabral, autor de la melodía del vals Que nadie sepa mi sufrir. También acompañó a Marcelino Lozano, Oscar Valleta, Carmen del Moral y Alberto Bardi, además de participar en grabaciones junto a Carlos Mayel, Pedro Boeto y Alberto Morales.
Para algunas de aquellas producciones integró el Trío Carlos Gardel, agrupación que reunió en distintos momentos a José Francisco Savignano, Atilio Eduardo Pascale, Domingo Lainez, Toto Serrao y Alba Toranzo, con la participación ocasional del bandoneonista Celedonio Doliard.
Como compositor, Ranieri dejó títulos que reflejaron afectos, admiraciones y distintas facetas de su mundo: Al Negro Vivas, Para el Bocha, dedicada al futbolista Ricardo Bochini junto a Leopoldo Díaz Vélez, Así como entonces, Yo te canto tango, Pimpollo, Corazón boyero, Para ti Lucero y Milonga del carnicero, entre muchos otros.
Así transcurrió la vida de Lorenzo Ranieri: con la guitarra como compañera, el tango como territorio y la memoria de aquellos maestros, amigos y artistas que ayudaron a construir una época. Su historia quedó como testimonio de una Buenos Aires musical que ya no existía del mismo modo, pero que todavía podía volver a escucharse cuando una vieja guitarra comenzaba a sonar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario