Pianista virtuoso, compositor, director y arreglador, Adolfo Carabelli fue uno de los músicos más completos de su generación. Formado en la tradición clásica europea, descubrió el jazz y terminó dejando una huella decisiva en la evolución del tango y en la historia de las grabaciones argentinas.
El 8 de septiembre de 1893 nacía en San Fernando Adolfo Leandro Carabelli, un hombre destinado a transitar con igual solvencia los territorios de la música clásica, el jazz y el tango. Su historia es también la de un talento extraordinario que, pese a haber trabajado junto a algunos de los grandes nombres de la música argentina, terminó refugiado en el silencio y casi borrado de la memoria.
Desde niño estudió piano, composición, armonía y contrapunto. Su virtuosismo lo llevó a Europa, donde ingresó al prestigioso Liceo de Bologna y recibió enseñanzas de figuras como Ferruccio Busoni. A los 21 años ya era Maestro Compositor, pero la Primera Guerra Mundial lo obligó a regresar al país.
En 1917, un encuentro con el pianista Lipoff cambió su destino. Fascinado por el jazz, Carabelli incorporó aquella nueva sonoridad a su sólida formación académica y comenzó una aventura musical que lo llevaría a dirigir orquestas y a convertirse en una figura fundamental de la industria discográfica.
Desde 1926, vinculado a Victor, asumió la dirección artística del sello y formó una orquesta que alternó jazz y música típica. Durante los años treinta, su agrupación reunió a músicos extraordinarios y registró versiones memorables de tangos como Mi refugio, Felicia, Inspiración y Mar adentro, además de acompañar a destacados cantores.
También participó en la musicalización de películas nacionales y fue una presencia habitual en las radios porteñas. Sin embargo, a partir de 1935 sus grabaciones comenzaron a espaciarse. En 1940 realizó su último disco y poco después se alejó definitivamente del ambiente artístico.
El 25 de enero de 1947, en su casa de San Fernando, murió aquel pianista que alguna vez había parecido destinado a la inmortalidad. Durante décadas, su nombre quedó en penumbras. Recién mucho tiempo después sus grabaciones comenzaron a ser recuperadas.
Hoy, cada 8 de septiembre, la memoria del tango vuelve a detenerse en él. Y al escuchar aquellas viejas grabaciones, queda una certeza: Adolfo Carabelli no fue un músico olvidado. Fue, sencillamente, un músico al que tardamos demasiado en volver a escuchar.

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