viernes, 11 de septiembre de 2026

A 125 años de su nacimiento | PRÍNCIPE AZUL, EL CANTOR QUE DEJÓ ESTE PLANO VIAJANDO EN BUSCA DE SU SUEÑO | El Tordo Gotán

 



Herberto Emiliano de Costa nació el 11 de septiembre de 1901. Cantor, letrista y uno de los destacados estribillistas de la primera generación de la radio y el disco, murió en 1935 cuando viajaba hacia Nueva York para concretar el que acaso hubiera sido el gran salto de su carrera.



Un lunes 11 de septiembre de 1901 nacía en Buenos Aires Herberto Emiliano de Costa, quien años después sería conocido en el mundo del tango como Príncipe Azul. Bachiller, estudiante de Filosofía y Letras y con los primeros años de Medicina cursados, fue también locutor en los albores de la radio, hasta que la música terminó marcando su destino.


Debutó profesionalmente en 1924, acompañado por el joven José Tinelli, y luego transitó por orquestas fundamentales como las de Francisco Lomuto y Roberto Firpo. Con este último registró cerca de cuarenta títulos, entre ellos “Honda tristeza” y “La que murió en París”, además de compartir grabaciones con Dorita Davis.


En 1932 retomó su carrera como solista en Radio Belgrano y Radio La Nación y participó en la película Canillita. El éxito comenzaba a acompañarlo cuando apareció una oportunidad extraordinaria: viajar a Estados Unidos para actuar en radio y filmar dos películas.


El 24 de agosto de 1935 embarcó rumbo a Nueva York junto a su amigo Héctor Quesada. Pero el sueño se truncó durante el viaje. Una repentina dolencia obligó a desembarcarlo en la isla de Trinidad, donde finalmente murió el 9 de septiembre, apenas dos días antes de cumplir 34 años.


“Fue en busca de la consagración y lo sorprendió la muerte”, tituló Antena. Una frase que, con el paso del tiempo, quedó como epitafio de una carrera que pudo haber sido mucho más grande.


Como escribió Oscar Zucchi, en Príncipe Azul se unían “su natural postura”, un timbre vocal abaritonado y el hálito romántico de aquel inolvidable seudónimo.

jueves, 10 de septiembre de 2026

A 94 años de su nacimiento: Agustín Magaldi (hijo), la difícil tarea de cantar siendo hijo de un prócer del canto | El Tordo Gotán

 



Nació el 10 de septiembre de 1932 y cargó durante toda su vida con un apellido fundamental del canto nacional. Cantor, compositor, letrista y profesor de educación física, construyó una trayectoria propia, aunque las comparaciones con su padre fueron inevitables.



Agustín Magaldi hijo nació en Buenos Aires el 10 de septiembre de 1932. Desde la cuna, la música formó parte de su mundo. Era el único hijo de Agustín Magaldi, “La voz sentimental de Buenos Aires”, uno de los grandes cantores fundacionales del canto nacional junto a Carlos Gardel e Ignacio Corsini, y de la riocuartense Lolita Miserendino.


Crecer bajo semejante apellido fue un desafío. Desde adolescente buscó demostrar que detrás del nombre existía un artista con méritos propios. Cantó en Radio Belgrano siendo muy joven, recorrió ciudades bonaerenses y, con el tiempo, llevó su voz por distintos escenarios de Sudamérica, la televisión y el disco.


Estudió vocalización y música, con el piano como instrumento, y grabó su primer disco, “Triste destino”, el 19 de mayo de 1960, acompañado por guitarras. Su repertorio incluyó obras de su padre y composiciones propias, entre ellas “Madre angelical”, “El maestro de mi vida”, “Inútil corazón”, “Uruguaya de mi amor”, “Amor con amor se olvida”, “Vuelvo a Moscú” y la ranchera “Pajarito”.


También encontró una pasión lejos de los escenarios: el deporte. Se recibió de profesor de educación física y trabajó en colegios y clubes.


Quienes lo conocieron recuerdan su mirada franca, su sonrisa y, sobre todo, su humildad. Burrero apasionado, compartió tardes de hipódromo y encuentros con figuras del tango. Murió en Rosario, a los 55 años, dejando más de sesenta registros. Quizás nunca pudo escapar de la sombra de su padre, pero logró algo esencial: que Agustín Magaldi hijo tuviera una voz propia.

Aniversario de su natalicio | Dionisio Delgado, un bandoneón entre el tango y la música clásica | El Tordo Gotán

 




El 10 de septiembre de 1922 nacía Dionisio Delgado, bandoneonista, director y compositor que transitó los escenarios porteños desde su adolescencia. Integró orquestas, acompañó a cantores y construyó un repertorio singular, donde el tango convivió con valses, boleros, canciones paraguayas y grandes obras de la música clásica.



A los 12 años, Dionisio Delgado comenzó sus estudios de bandoneón con Antonio Sánchez. Muy pronto mostró condiciones y se destacó interpretando “De puro guapo” y el vals “Suspiros del alma”. Su formación continuó en el conjunto Los Niños de Buenos Aires, que pasó por Radio Mitre, experiencia en la que conoció a Eduardo Rovira, con quien entabló una amistad que trascendió la música.


Fue Rovira quien lo acercó a su maestro Francisco Alessio, dedicado principalmente a la música clásica. Aquella influencia ayudaría a explicar la amplitud de un repertorio que, con los años, llegaría a incluir obras de Beethoven, Rossini, Suppé y Manuel de Falla.


Entre 1937 y 1938, Delgado formó su propio conjunto infantil y actuó en el Café Germinal, en una época en que, después de su formación, se presentaba allí la orquesta de Aníbal Troilo. En 1939 ingresó a Ritmos Porteños, con la que llegó a Radio El Mundo, Radio Splendid y La Cigale.


Durante la década del 40 su nombre apareció en importantes escenarios porteños, desde el Moulin Rouge y el Richmond hasta cafés y confiterías. Más tarde llegaron Mar del Plata, nuevas presentaciones radiales y actuaciones junto a cantores como Carlos Salcedo y José Torres.


Con alrededor de 120 tangos en su repertorio, además de otros géneros, dejó grabaciones para el sello Cancionero y composiciones propias como “Becqueriana”, “La señal roja” y “Si supieran mis amigos”. Finalmente abandonó la actividad musical para dedicarse al comercio, pero su recorrido dejó la huella de un artista capaz de tender puentes entre el tango y la música académica.

A 115 años de su nacimiento | Nelly Omar, la voz diferente que sobrevivió al silencio | El Tordo Gotán

 



Nacida el 10 de septiembre de 1911, Nelly Omar fue una de las grandes voces del tango y el folclore argentino. Su historia estuvo marcada por el éxito, la censura política y una extraordinaria vigencia que la llevó a cantar ante una multitud cuando ya había cumplido 100 años.



Nilda Elvira Vattuone, Nelly Omar, nació en Guaminí y desde muy joven encontró en la música el camino de su vida. En 1937, el Gran Plebiscito Radiotelefónico de Caras y Caretas la consagró como la primera entre las cancionistas. Radio, cine y escenarios la convirtieron en una figura popular, mientras Enrique de Rosas la definía como “La voz diferente”.


Su carrera alcanzó enorme repercusión en los años cuarenta. Amiga de Eva Perón y cercana al peronismo, nunca ocultó su identificación con Perón y Evita. Esa postura tendría consecuencias después del golpe de Estado de 1955. Como ocurrió con otros artistas vinculados al gobierno derrocado, fue incluida en las listas de personas censuradas. Le allanaron la casa, perdió espacios de trabajo y quedó prácticamente silenciada. Sin oportunidades, debió exiliarse en Uruguay y Venezuela.


Pero el silencio no pudo con ella. Con el paso de los años regresó a los escenarios y recuperó el reconocimiento. Y en 2011 protagonizó un hecho extraordinario: al cumplir 100 años, volvió a presentarse en el Luna Park, donde ofreció un multitudinario concierto de más de una hora.


Nelly Omar murió en 2013, a los 102 años. Se fue una mujer que conoció el éxito y la persecución, pero cuya voz terminó imponiéndose al olvido.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

TANGO | A 117 AÑOS DE SU NACIMIENTO: ANTONIO ARCIERI, EL VIOLÍN PORTEÑO QUE CAMINÓ ENTRE LOS GRANDES DEL TANGO | El Tordo Gotán

 



Nació en Balvanera el 9 de septiembre de 1909 y murió demasiado pronto, a los 43 años. Violinista, director y compositor, recorrió cines, bailes, radios y orquestas, viajó tres años consecutivos a Brasil y dejó una obra que todavía permite recuperar la memoria de un músico de enorme vocación.



Antes de los escenarios y las grandes orquestas estuvo el barrio. Antonio María Arcieri era apenas un muchacho de Balvanera cuando descubrió que el violín de su hermano mayor podía convertirse en su destino. Su padre prefería que estudiara y trabajara en la zapatería familiar, pero el muchacho insistió hasta conseguir sus primeras lecciones.


Junto a su amigo Juan Carlos Aquilini, pianista, comenzó aquellos primeros ensayos que tuvieron como inesperado aliado al almacenero de la esquina, un aficionado a la música que los llevó a tocar en fiestas de la vecindad. Después llegaron Antonio Sureda en bandoneón y Humberto Canataro en guitarra. El cuarteto pasó por cines y bailes, acompañando incluso películas mudas, hasta transformarse en el recordado Trío América.


En los años veinte nació también el compositor: “Mi nena” fue su primera creación. Más tarde llegaron la Orquesta Rostán, Julio De Caro y tres viajes consecutivos a Brasil. Allí Arcieri dirigió su propio conjunto y prolongó su actividad en Río de Janeiro.


De regreso, su camino se cruzó nuevamente con Ricardo Tanturi y con formaciones como Los Matreros. En los años cuarenta integró la orquesta de Tanturi, cuando el tango vivía una de sus épocas de mayor esplendor.


Quedaron también sus tangos: “Pinta orillera”, “Derrotado”, “Delirando”, “Campanario” y “Cachivache”. Murió en Buenos Aires el 5 de mayo de 1952. Contaba apenas 43 años. Quizá por eso su historia parece todavía más breve: la de aquel muchacho de Balvanera que, contra todos los pronósticos, convirtió un violín en una forma de vida y dejó su nombre escrito, discretamente, entre los músicos que ayudaron a hacer grande al tango.


martes, 8 de septiembre de 2026

Tango | Una voz entre Buenos Aires y París: Gloria Marcó: una vida cantada al compás del tango | El Tordo Gotán

 



Este 8 de septiembre, Gloria Marcó celebra su cumpleaños. Cancionista, letrista, poetisa y actriz, construyó una trayectoria singular, heredera de una tradición familiar ligada al tango y abierta, a la vez, a nuevos escenarios y geografías.



Nacida en el barrio porteño de Belgrano el 8 de septiembre de 1952, Gloria Marcó lleva en su historia la marca indeleble del tango. Hija del reconocido cantante, letrista y compositor Héctor Marcó, creció rodeada de música y poesía, en un hogar donde el arte formaba parte de la vida cotidiana. Su hermana Ana María fue una destacada soprano de ópera, mientras que su hermano Héctor Rodolfo “Rudy” Marcolongo desarrolló su carrera como guitarrista de rock.


Formada vocalmente junto a maestros como Virgilio Expósito, Susana Naidich, Cristina Becker Hoffmann y Juan Manuel Miró, Gloria fue delineando una identidad artística propia. Como compositora y autora creó tangos como Nací poeta, Mariposa perdida, Fantasía, El escapulario, Autopista y Alegría, además de escribir la letra del Tango a Federico García Lorca.


En 1996 publicó Tangos del 2000, libro que reunió su universo poético. Dos años después presentó La voz de la mujer, unipersonal que llevó también a Francia. Luego llegarían La Supermina y actuaciones en Buenos Aires, distintas ciudades argentinas, París, Londres y Atenas.


Entre dos ciudades que alimentan su inspiración, Buenos Aires y París, Gloria Marcó continúa celebrando el arte como una forma de identidad y libertad. Hoy, en su cumpleaños, el tango vuelve a pronunciar su nombre.

EFEMÉRIDES | RECUERDO DE OTRO GRANDE OLVIDADO: DANTE AMICARELLI, EL PIANISTA QUE HIZO DE LA VIRTUOSIDAD UNA FORMA DE VIDA | El Tordo Gotán

 



Nacido el 8 de septiembre de 1917, Dante Amicarelli fue uno de los grandes pianistas, arregladores y directores de la música argentina. Del jazz al folklore, de la radio a las grabaciones junto a Horacio Salgán y Astor Piazzolla, su talento dejó una huella tan profunda como silenciosa.



Hay músicos que interpretan partituras y otros que parecen conversar con ellas. Dante Amicarelli perteneció a estos últimos. Pianista de formación clásica, encontró rápidamente su lugar en el jazz y llegó a integrar la orquesta de Eduardo Armani. Más tarde, junto al cantor de aquella formación, creó el dúo Amicarelli-Farrel, antes de continuar su camino al frente de su propio conjunto.


Su nombre quedó ligado también a Radio Belgrano, donde fue arreglador y director de la orquesta estable. En su hogar, compartido con la prestigiosa concertista Carmen Scalcione, la música era una presencia cotidiana, casi permanente.


Junto a Horacio Salgán creó un Instituto de Estudios Musicales y grabó dos recordados discos para Philips, Dos virtuosos del piano y El bosque mágico. También transitó el folklore y compartió registros con figuras como Domingo Cura y Oscar Cardozo Ocampo.


Pero acaso una anécdota sintetice mejor su dimensión artística. En 1969, Astor Piazzolla lo convocó para grabar Adiós Nonino. El pianista resolvió sin dificultad un pasaje que parecía endemoniado. Piazzolla, desafiante, preparó para el ensayo siguiente una partitura todavía más compleja. Amicarelli la recibió sin conocerla y la ejecutó de un tirón, sin un solo error.


Al terminar, apenas movió la cabeza y sentenció: “Está lindo el arreglito…”. Astor, cuentan, casi se comía el bandoneón de la bronca. En aquella escena quedó retratada una verdad: para un verdadero virtuoso, hasta lo imposible podía parecer apenas un “arreglito”.


TANGO | A 133 AÑOS DE SU NACIMIENTO: ADOLFO CARABELLI, EL MÚSICO QUE HIZO DEL TANGO UN PUENTE ENTRE DOS MUNDOS | El Tordo Gotán

 



Pianista virtuoso, compositor, director y arreglador, Adolfo Carabelli fue uno de los músicos más completos de su generación. Formado en la tradición clásica europea, descubrió el jazz y terminó dejando una huella decisiva en la evolución del tango y en la historia de las grabaciones argentinas.



El 8 de septiembre de 1893 nacía en San Fernando Adolfo Leandro Carabelli, un hombre destinado a transitar con igual solvencia los territorios de la música clásica, el jazz y el tango. Su historia es también la de un talento extraordinario que, pese a haber trabajado junto a algunos de los grandes nombres de la música argentina, terminó refugiado en el silencio y casi borrado de la memoria.


Desde niño estudió piano, composición, armonía y contrapunto. Su virtuosismo lo llevó a Europa, donde ingresó al prestigioso Liceo de Bologna y recibió enseñanzas de figuras como Ferruccio Busoni. A los 21 años ya era Maestro Compositor, pero la Primera Guerra Mundial lo obligó a regresar al país.


En 1917, un encuentro con el pianista Lipoff cambió su destino. Fascinado por el jazz, Carabelli incorporó aquella nueva sonoridad a su sólida formación académica y comenzó una aventura musical que lo llevaría a dirigir orquestas y a convertirse en una figura fundamental de la industria discográfica.


Desde 1926, vinculado a Victor, asumió la dirección artística del sello y formó una orquesta que alternó jazz y música típica. Durante los años treinta, su agrupación reunió a músicos extraordinarios y registró versiones memorables de tangos como Mi refugio, Felicia, Inspiración y Mar adentro, además de acompañar a destacados cantores.


También participó en la musicalización de películas nacionales y fue una presencia habitual en las radios porteñas. Sin embargo, a partir de 1935 sus grabaciones comenzaron a espaciarse. En 1940 realizó su último disco y poco después se alejó definitivamente del ambiente artístico.


El 25 de enero de 1947, en su casa de San Fernando, murió aquel pianista que alguna vez había parecido destinado a la inmortalidad. Durante décadas, su nombre quedó en penumbras. Recién mucho tiempo después sus grabaciones comenzaron a ser recuperadas.


Hoy, cada 8 de septiembre, la memoria del tango vuelve a detenerse en él. Y al escuchar aquellas viejas grabaciones, queda una certeza: Adolfo Carabelli no fue un músico olvidado. Fue, sencillamente, un músico al que tardamos demasiado en volver a escuchar.

lunes, 7 de septiembre de 2026

A 117 años de su nacimiento: Lorenzo Ranieri,La guitarra que guardó una vida de tango | El Tordo Gotán

 



Guitarrista, compositor y maestro de canto, Lorenzo Ranieri recorrió buena parte de la historia del tango desde los márgenes, entre casas de inquilinato, cafés, guitarras y escenarios. Discípulo de Ángel Domingo Riverol, acompañó a grandes intérpretes y dejó una obra que también rindió homenaje a colegas, figuras populares y al fútbol.



El 7 de septiembre de 1909 nacía Lorenzo Ranieri, un músico cuya vida quedó estrechamente ligada a la guitarra, al tango y a esa Buenos Aires donde los sonidos de los cafés y los patios de las casas de inquilinato formaban parte del paisaje cotidiano. Murió el 2 de agosto de 1993, después de haber transitado más de ocho décadas entre melodías, escenarios y encuentros con algunas figuras fundamentales de la música popular.


Hijo de Felipe Ranieri, un escultor italiano, Lorenzo también desarrolló esa disciplina artística, aunque fue la guitarra la que terminó marcando su destino. Su hogar estuvo en una casa de inquilinato de Sarandí 148, casi al lado de donde, en el número 154, vivió José Razzano cuando ya era mozo, guitarrero y cantor. La cercanía entre ambas viviendas parecía anticipar una vida atravesada por la música.


Su formación guitarrística tuvo un capítulo decisivo junto a Ángel Domingo Riverol, reconocido guitarrista que posteriormente acompañaría a Carlos Gardel. Ranieri recordaría años después aquel encuentro en un café de Floresta, donde había visto tocar a Riverol junto a Juan Buscaglia. Precisamente Buscaglia fue su primer maestro y, cuando debió marcharse de gira con un circo, lo recomendó con Riverol.


Riverol lo recibió y comenzó a enseñarle por apenas cinco pesos mensuales. Cuando Ranieri ya no pudo pagarle, el maestro decidió continuar las clases sin cobrarle. Aquella generosidad quedó grabada en su memoria. Más tarde, cuando Riverol fue contratado por Gardel, las circunstancias impidieron que siguiera con su enseñanza.


Con los años, Ranieri construyó una extensa trayectoria. Formó con Félix Vera el dúo Dos guitarras en la noche y también integró un trío junto a Alfredo Calabró y Arturo Gallucci, que durante varias temporadas de la década de 1970 actuó en el recordado Mesón Español de la avenida Caseros.


Acompañó a numerosos intérpretes, entre ellos Alberto Castillo, y compartió caminos musicales con Ángel Cabral, autor de la melodía del vals Que nadie sepa mi sufrir. También acompañó a Marcelino Lozano, Oscar Valleta, Carmen del Moral y Alberto Bardi, además de participar en grabaciones junto a Carlos Mayel, Pedro Boeto y Alberto Morales.


Para algunas de aquellas producciones integró el Trío Carlos Gardel, agrupación que reunió en distintos momentos a José Francisco Savignano, Atilio Eduardo Pascale, Domingo Lainez, Toto Serrao y Alba Toranzo, con la participación ocasional del bandoneonista Celedonio Doliard.


Como compositor, Ranieri dejó títulos que reflejaron afectos, admiraciones y distintas facetas de su mundo: Al Negro Vivas, Para el Bocha, dedicada al futbolista Ricardo Bochini junto a Leopoldo Díaz Vélez, Así como entonces, Yo te canto tango, Pimpollo, Corazón boyero, Para ti Lucero y Milonga del carnicero, entre muchos otros.


Así transcurrió la vida de Lorenzo Ranieri: con la guitarra como compañera, el tango como territorio y la memoria de aquellos maestros, amigos y artistas que ayudaron a construir una época. Su historia quedó como testimonio de una Buenos Aires musical que ya no existía del mismo modo, pero que todavía podía volver a escucharse cuando una vieja guitarra comenzaba a sonar.

viernes, 4 de septiembre de 2026

Un maestro de la percusión tanguera: "Pepe" Corriale, el baterista que le puso ritmo nuevo al tango | El Tordo Gotán

 



José “Pepe” Corriale, nacido el 4 de septiembre de 1915, dejó su huella en las orquestas más grandes del género y fue el primer presidente del Sindicato Argentino de Músicos. El 7 de noviembre de 1997 regresó a la "Vida Real".



Pepe Corriale tocó la batería y la percusión en las formaciones de Francisco Canaro, Osvaldo Fresedo, Julio De Caro, Carlos García, José Libertella, Armando Pontier, Lucio Demare, Mariano Mores y Astor Piazzolla. Con este último ejecutó la batería en 1968 para la opera “María de Buenos Aires”. También integró ocasionalmente la Orquesta Sinfónica Nacional y acompañó en el Teatro Ópera a figuras como Paul Anka, Caterina Valente, Cab Calloway y Sammy Davis. Formó el Quinteto Pepeco, que aportó al tango timbres inéditos desde la percusión. Compuso el tango “Julián Centeya” y escribió el libro “La batería en el tango”. Su paso al Mundo Espiritual no borró el eco de sus golpes, que todavía resuenan en la historia del género.