miércoles, 28 de octubre de 2026

SE CUMPLEN 119 AÑOS DE SU NATALICIO: MIGUEL CALÓ, EL DE LA ORQUESTA DE ESTRELLAS | El Tordo Gotán

 





Bandoneonista, compositor y director, fue una figura central de la llamada Generación del Cuarenta. Con un estilo de elegancia y equilibrio, reunió a músicos y cantores que luego escribirían sus propias páginas en la historia del tango.



Violines, pianos, bandoneones encontraron en Miguel Caló la guía para que puedan fluir combinaciones de melodías inconfundibles. Nacido en Balvanera el 28 de octubre de 1907, comenzó estudiando violín, pero pronto encontró en el bandoneón el instrumento con el que habría de recorrer una trayectoria decisiva para la música ciudadana.


Su aprendizaje incluyó las orquestas de Osvaldo Fresedo y Francisco Pracánico. En 1929 emprendió una gira por España junto a la agrupación de Cátulo Castillo, y al regresar volvió a reunir sus propios músicos. La experiencia acumulada fue tomando forma hasta alcanzar, durante los años cuarenta, su expresión más reconocida.


Caló supo rodearse de jóvenes intérpretes de enorme talento. Por sus filas pasaron Domingo Federico, Armando Pontier, Enrique Francini y Osmar Maderna, mientras Raúl Berón, Alberto Podestá y Raúl Iriarte aportaban voces que dejaron una marca profunda. No se limitó a conducir una orquesta: abrió caminos para una generación que luego tendría vuelo propio.


En el repertorio quedaron páginas como «Al compás del corazón», «Dos fracasos», «Qué te importa que te llore» y «Sans souci», esta última convertida en una de sus interpretaciones emblemáticas. En 1961 reunió nuevamente a varios de sus antiguos compañeros bajo el nombre de «Miguel Caló y su Orquesta de las Estrellas», evocando aquella formación irrepetible.


Partió el 24 de mayo de 1972, pero su música siguió convocando a bailarines y oyentes. En cada frase enlazada, en cada bandoneón y en cada violín, permanece la huella de un director que entendió el tango como una obra colectiva.

A 119 AÑOS DE SU NACIMIENTO: LA HISTORIA DE JOSÉ DAMES AL COMPÁS DEL BANDONEÓN | El Tordo Gotán

 



Bandoneonista y compositor rosarino, fue una de las figuras de la generación del 40. Junto a poetas como Homero Manzi, José María Contursi y Horacio Sanguinetti, construyó una obra de riqueza melódica en tangos inolvidables.



La historia del tango guarda en sus partituras la firma de José Dames, un creador cuya sensibilidad musical encontró melodías justas en las plumas más inspiradas de su tiempo. Nacido en Rosario el 28 de octubre de 1907, comenzó sus estudios con el violín y, ya instalado en San Fernando, se volcó al bandoneón bajo la guía del maestro Gómez. Más adelante perfeccionó su técnica con Carlos Marcucci.


Su recorrido profesional incluyó actuaciones en Radio Excelsior, la formación Dodero-Dames junto al pianista Rolando Dodero y su paso por las orquestas de Rodolfo Biagi, Anselmo Aieta, Atilio Bruni y Francisco Rotundo, entre otras. Sin embargo, su verdadera vocación estaba en la composición. Dames encontraba melodías en la calle, en el tranvía o en cualquier rincón de la vida cotidiana, según confesó alguna vez.


Con Homero Manzi dio forma a «Fuimos»; con José María Contursi, a «Tú» y «Brindemos en silencio»; y con Horacio Sanguinetti, a «Nada», una obra que alcanzó centenares de registros y que aún se sigue grabando. También dejó páginas como «Tristeza marina», «Los despojos» y «Sin ti», además de piezas instrumentales como «El buscapié» y «De muy adentro».


Su producción superó los 350 títulos, siempre con una melodía capaz de abrazar la palabra y profundizar su sentimiento. El 7 de agosto de 1994 partió, pero sus creaciones siguen encontrando intérpretes y oyentes. En Nueva Pompeya, una plazoleta lleva su nombre: un reconocimiento a quien hizo del tango un territorio de emoción perdurable.


martes, 27 de octubre de 2026

TANGO PARA EL ENCUENTRO EN "LA TIERRA INVISIBLE": Viviana Scarlassa y Pepo Ogivieki presentarán “Ciudad de Nadie" | El Tordo Gotán

 



La cantante y el compositor, director musical y arreglador compartirán un espectáculo que enlaza las grandes páginas del tango con composiciones originales, en una noche que tendrá lugar el sábado 7 de noviembre en el espacio cultural de la calle Del Barco Centenera.


Cuando la tradición y las nuevas formas de expresión proponen un encuentro íntimo, lo primordial es no perdérselo. “Ciudad de Nadie”, la propuesta que reúne a Viviana Scarlassa y José “Pepo” Ogivieki, invitará a transitar ese mágico camino, con el tango como punto de partida.


La correcta voz de Scarlassa se encontrará con excelso pianista "Pepo" Ogivieki y entonces la cita con el buen gusto musical estará garatizada. El repertorio combinará obras originales de Ogivieki con piezas fundamentales del género ciudadano, en un recorrido que busca enlazar distintas épocas y sensibilidades sin perder de vista la esencia tanguera.


La cita será el sábado 7 de noviembre en "La Tierra Invisible", ubicada en Del Barco Centenera 1099, en la Ciudad de Buenos Aires. La apertura de la sala está prevista para las 21, mientras que el espectáculo comenzará a las 22. La ubicación será por orden de llegada y el espacio ofrecerá opciones para comer y beber durante la velada.


Las entradas anticipadas se consiguen a través de Passline a $18.500 más cargos por servicio. En la puerta, el valor será de $22.000, con pago en efectivo o transferencia.


“Ciudad de Nadie” propondrá una noche para escuchar, reencontrarse con las obras que forman parte de la memoria del tango y descubrir nuevas composiciones. Scarlassa y Ogivieki pondrán sus talentos al servicio de una misma búsqueda: mantener viva una música que sigue encontrando caminos para decir presente.

UNA DE LAS TANTAS FIGURAS DE LA HISTORIA DEL TANGO: WALTER CABRAL, CANTOR DESDE LA CUNA | El Tordo Gotán

 



Hijo de un cantor y guitarrero andariego, creció entre escenarios, radios y caminos. Su paso por las orquestas de Juan D’Arienzo, Anselmo Aieta y Alfredo Gobbi dejó el testimonio de una carrera breve, pero ligada a una época inolvidable del tango.



La guitarra de Martín Valentín Cabral, conocido como «Cruz Lucero», acompañó los primeros pasos artísticos de su hijo Walter Obdulio. Desde muy pequeño recorrió pueblos junto a su padre, primero en breves intervenciones infantiles y, a los nueve años, como cantor con mayores responsabilidades.


El encuentro con Anselmo Aieta significó una puerta de entrada al ambiente porteño. En el Café Nacional, de Corrientes 974, tuvo oportunidad de mostrar sus condiciones, alternando sus presentaciones con las actuaciones de la orquesta. También pasó por la Munich de la Costanera Sur y por el Fritz y Franz.


En 1935, Juan D’Arienzo lo incorporó a su flamante conjunto. Cabral llegó al disco con «Silueta porteña», el 14 de enero de 1936, y registró luego «Un placer», «Tu olvido» e «Irene». Cantó en Radio El Mundo y en el cabaret Chantecler hasta alejarse de la formación en septiembre de 1937.


Su recorrido continuó junto a Aieta, Recio-Ponchi, Florindo Sassone, Pedro Vergez y Alfredo Gobbi. Las radios y los cabarets fueron escenarios habituales de una trayectoria que también lo llevó por Uruguay, la Patagonia y distintas ciudades brasileñas. En el cine, dejó un breve registro vocal en «El forastero», película estrenada en 1937.


Con éxitos como «Percal», «La luz de un fósforo» y «Ya sale el tren», Cabral sostuvo su presencia en los años dorados del género. En 1947, cuando contaba apenas treinta años, resolvió abandonar la actividad artística. Partió en 1993, pero su voz permanece ligada a aquellos tiempos en que el tango reinaba en Buenos Aires.

A 138 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL MÚSICO NAPOLITANO QUE DEJÓ SU HUELLA EN EL TANGO: Carlos Percuoco, entre la música académica y el alma porteña | El Tordo Gotán

 



Fue trompetista, compositor y un hombre de sólida formación musical que llegó a la Argentina en 1908 y desarrolló una extensa trayectoria en las principales agrupaciones de su tiempo. Dos de sus tangos, «El mal que me hiciste» y «Piedad», brillaron en la voz de Carlos Gardel.



La historia musical de Buenos Aires también se escribió con el aporte de hombres que llegaron desde Europa, trajeron consigo una formación rigurosa y encontraron en estas tierras un nuevo horizonte para su talento. Carlos Percuoco fue un músico nacido en Nápoles que supo transitar con naturalidad entre la tradición académica y la sensibilidad popular.


Su aprendizaje comenzó en la ciudad natal, donde estudió armonía con De Nardis y trompeta con Bascone. Tras una intensa actividad profesional en Italia, arribó a la Argentina en 1908, contratado para integrar la banda de policía de Tucumán. Dos años más tarde se incorporó como solista a la Banda Municipal de la Capital Federal, institución en la que permaneció hasta alcanzar la subdirección en 1926. Se jubiló en 1933.


El tango apareció en su camino casi por casualidad, a partir de su amistad con el letrista Luis De Biase. De ese encuentro surgieron «El mal que me hiciste», distinguido en el concurso de Max Glücksmann de 1926, y «Piedad», ganador del primer premio en la edición de 1927. Ambas composiciones llegaron al disco en la voz de Carlos Gardel, aunque Percuoco nunca consiguió tratar personalmente con el cantor, a quien admiraba y deseaba presentarle otras partituras.


Su catálogo tanguero también incluyó «Amargado», «Campanita de la Iglesia», «La Renguita» y «Don Hipólito». En la música clásica obtuvo reconocimientos municipales por su «Obertura», premiada en 1944, y su «Poema Sinfónico», distinguido en 1946.


Percuoco partió en Buenos Aires el 6 de diciembre de 1983. Su obra y el testimonio de una vida dedicada a la música en sus distintas expresiones quedaron perennes.

viernes, 23 de octubre de 2026

UN EMBLEMA SEMPITERNO DEL TANGO DANZA: Luis Grondona, el guardián de un canyengue que volvió a latir | El Tordo Gotán

 



Desde las milongas del sur del conurbano hasta los escenarios del mundo, hizo del abrazo y el andar pausado una marca propia. Junto con su esposa, Mirta Sol, rescató una manera de bailar que parecía condenada al olvido.


El tango marcó el rumbo de su vida. Luis Grondona, nacido en Mar del Plata el 23 de octubre de 1938, encontró en Avellaneda el territorio donde echar raíces en la danza. Apenas contaba 13 años cuando ya se movía al compás de las orquestas y frecuentaba clubes de barrio, entre ellos el Sportivo Valentín Alsina, donde la milonga era escuela.


Su talento lo llevó a bailar con la orquesta de Juan Canaro. También recibió de César «Tito» Lusiardo enseñanzas fundamentales para dominar los frentes del escenario, un aprendizaje que acompañaría su recorrido artístico.


Pero su huella más profunda quedó ligada al canyengue. Junto con Mirta Sol, construyó una forma singular de interpretar el tango danza: el cuerpo apilado, el abrazo firme y ese andar cansino que parecía conversar con cada compás. No era solamente una manera de bailar; era recuperar una memoria de la danza que amenazaba con perderse.


Los viajes por el exterior le dieron reconocimiento y respeto. Dejó registros en exhibiciones junto a Marta Antón, en el Canal Solo Tango y en el material didáctico «Los Reyes del Canyengue», realizado con su compañera de vida y de pista.


De humor fresco, mirada franca y espíritu pícaro, Grondona enseñó a generaciones y compartió sus conocimientos con generosidad. Sombrero y lengue mediante, volvió a poner en escena una tradición relegada.


Su aporte excede los aplausos: ayudó a devolverle presente a un baile nacido de otras épocas. En cada abrazo que recupera aquel pulso arrabalero, su enseñanza sigue encontrando inspiración.


jueves, 22 de octubre de 2026

SU HISTORIA FUE DEL ROCK AL TANGO: Daniel Melingo, un loco lindo que unió a dos géneros | El Tordo Gotán

 



Músico, compositor, actor y aventurero de los sonidos, construyó una obra singular entre la irreverencia del rock y la poesía del arrabal. De Los Abuelos de la Nada a sus tangos de voz inconfundible, hizo todo con un estilo que puede resultar discutible pero de ineluctable origialidad.



Buenos Aires le marcó el camino desde la infancia. Entre Balvanera y Parque Patricios, Daniel Melingo fue forjando una sensibilidad que encontró en la música un espacio donde expresarla. Estudió guitarra clásica y clarinete en los conservatorios, pero su destino estaba lejos de cualquier molde académico.


En 1980 se incorporó a Los Abuelos de la Nada, junto a Miguel Abuelo, Andrés Calamaro y otros nombres fundamentales del rock argentino. Allí dejó su sello en canciones como «Chalamán». Dos años después, junto a Pipo Cipolatti, fundó Los Twist, una usina de humor y desparpajo que alumbró piezas como «Hulla hulla» y «Cleopatra (la reina del twist)».


También acompañó a Charly García, exploró nuevos horizontes en España y creó Lions in Love. Sin embargo, su aventura más personal tomaría forma cuando se internó en el tango. Desde «Tangos bajos» hasta «Santa milonga», desarmó solemnidades, rescató poetas del margen y les dio voz a personajes que caminaban entre la ternura, la noche y la derrota.


Su canto, áspero y vulnerable, parecía empecinarse en contar historias desde voces aguardentosas. No imitaba a los viejos tangueros: conversaba con ellos desde otro tiempo. En 2015 recibió el Premio Konex por su labor como cantante de tango y, en 2017, obtuvo un Gardel por «Andá».


El 30 de junio de 2026 partió al mundo espiritual, dejand en la música su estilo difícil de encasillar. En su universo, el rock podía bailar con el tango y la poesía interpelar al pasado desd el hoy. Su mensaje fue para los que se atreven a salirse del camino cómodo.

CUMPLEAÑOS DE UNA VERDADERA FIGURA DEL TANGO: José Colángelo, un auténtico discípulo de Troilo | El Tordo Gotán

 



Tiene una trayectoria de más de seis décadas, pianista, director y compositor dejó su huella junto a grandes nombres del género y construyó un estilo propio parido por el legado troileano.


José Leonardo Colángelo celebra un nuevo cumpleaños convertido en una referencia insoslayable del tango. Nacido en Buenos Aires el 22 de octubre de 1940, encontró en el piano su instrumento definitivo, impulsado desde chico por un entorno familiar donde la música ocupaba un lugar central.


Su carrera comenzó en 1955, con la orquesta de Alberto Dávila, y pronto lo llevó a compartir escenarios y grabaciones con distintas formaciones. En 1962, su incorporación a la orquesta de Leopoldo Federico para acompañar a Julio Sosa marcó un punto de inflexión. Aquella experiencia consolidó una manera de tocar en la que convivían la fuerza rítmica y la libertad expresiva.


El reconocimiento alcanzó otra dimensión a fines de 1968, cuando reemplazó a Osvaldo Berlingieri en la orquesta de Aníbal Troilo. Fue el último pianista de «Pichuco» y acompañó al maestro hasta sus últimos días, tanto en presentaciones como en registros discográficos.


Paralelamente, desarrolló su propio camino con el Cuarteto Colángelo, junto a Néstor Marconi, Omar Murtagh y Aníbal Arias. De esa etapa quedaron discos como «Trasnoche» y «La música de Julián Plaza». También compuso tangos como «Puerta de barrio» y «Mi tormenta».


Distinguido por su aporte a la cultura porteña y reconocido por la Academia Nacional del Tango, Colángelo sigue siendo una figura fundamental de una música que expresa en sus notas una tradición de pueblo viva, capaz de renovarse sin perder su esencia.

EL RUISEÑOR DE LAS CALLES PORTEÑAS: Ángel Vargas, ese cantor de empedrados y glicinas | El Tordo Gotán

 



Con un fraseo inconfundible, cálido y delicado, el cantor nacido en Buenos Aires conquistó al público junto a la orquesta de Ángel D’Agostino. Su recuerdo conserva intacta la emoción de una época dorada del tango.



En la voz de Ángel Vargas, el tango encontraba una manera distinta de contar la vida. No necesitaba alardes ni una potencia desmedida: le bastaban la cadencia justa, una inflexión sutil y esa dulzura entre compadrita y confidencial que parecía llegar desde los patios de barrio, las esquinas y los cafés donde Buenos Aires aprendía a reconocerse.


José Ángel Lomio, su verdadero nombre, nació el 22 de octubre de 1904. Criado entre Parque Patricios y las calles cercanas de Barracas, descubrió temprano su vocación por el canto. Antes de conquistar los escenarios céntricos, pasó por cafetines, cines y pequeños locales, donde fue puliendo una personalidad artística que terminaría por distinguirlo.


Su historia quedó ligada para siempre a la del pianista Ángel D’Agostino. Juntos construyeron una sociedad musical extraordinaria, especialmente durante la década de 1940, con grabaciones que todavía iluminan el repertorio tanguero. «Tres esquinas», «Muchacho», «Ninguna» y «A pan y agua» son algunas de las piezas que permiten reconocer esa química: la orquesta envolvente, el cantor preciso y una emoción sempiterna.


Conocido como «El ruiseñor de las calles porteñas», Vargas también supo sostener su camino solista, acompañado por distintas formaciones y músicos de la talla de Eduardo Del Piano y Armando Lacava. Su interpretación conservó siempre esa intimidad capaz de convertir una historia sencilla en un sentimiento compartido.


El 7 de julio de 1959, cuando todavía estaba en actividad, partió a los 54 años, tras complicaciones derivadas de una operación pulmonar. Hoy perviven sus discos, su fraseo y una Buenos Aires que vuelve a escucharse cada vez que su voz acaricia un tango. En ese universo de glicinas, nostalgia y barrio, Ángel Vargas sigue cantando.

miércoles, 21 de octubre de 2026

MÚSICA, AMISTAD Y TRADICIÓN: Quilmes se prepara para una nueva peña con tango, folklore y melodías inolvidables | El Tordo Gotán

 



El próximo 25 de octubre, a las 13, la Peña de Tony Gallo y Mechi Barraz abrirá sus puertas en la avenida Calchaquí 2004, con la presencia estelar de Carlos Morel y una propuesta pensada para compartir la música y las tradiciones populares.


La música popular volverá a ser protagonista en Quilmes con una nueva convocatoria de la Peña de Tony Gallo y Mechi Barraz, que promete una jornada de encuentro, canciones y expresiones arraigadas en la cultura argentina.


La cita será el 25 de octubre, desde las 13, en el salón ubicado sobre la avenida Calchaquí 2004. El encuentro tendrá como figura destacada a Carlos Morel, quien aportará su presencia artística a una programación que recorrerá distintos géneros, con el tango, el folklore y la música melódica como ejes de la propuesta.


Las peñas conservan un lugar especial en la vida cultural bonaerense. Son espacios donde la música se disfruta de cerca, las voces encuentran su público y cada interpretación invita a compartir una mesa, una charla y el placer de escuchar a artistas en vivo. En ese espíritu se inscribe esta convocatoria, impulsada por Tony Gallo y Mechi Barraz.


La propuesta está dirigida tanto a quienes siguen de cerca estos géneros como a quienes buscan una salida diferente para disfrutar de una jornada atravesada por la música y las costumbres populares.


Con la expectativa puesta en la actuación de Carlos Morel, Quilmes tendrá una nueva oportunidad para reunirse alrededor de una tradición que mantiene su vigencia generación tras generación.


DATOS DE LA PEÑA


Lugar: avenida Calchaquí 2004, Quilmes.

Fecha: 25 de octubre.

Horario: 13 horas.

Géneros: tango, folklore y melódico.

Reservas y consultas: 11 2261-6198 / 11 5144-2742.