Nació en Balvanera el 9 de septiembre de 1909 y murió demasiado pronto, a los 43 años. Violinista, director y compositor, recorrió cines, bailes, radios y orquestas, viajó tres años consecutivos a Brasil y dejó una obra que todavía permite recuperar la memoria de un músico de enorme vocación.
Antes de los escenarios y las grandes orquestas estuvo el barrio. Antonio María Arcieri era apenas un muchacho de Balvanera cuando descubrió que el violín de su hermano mayor podía convertirse en su destino. Su padre prefería que estudiara y trabajara en la zapatería familiar, pero el muchacho insistió hasta conseguir sus primeras lecciones.
Junto a su amigo Juan Carlos Aquilini, pianista, comenzó aquellos primeros ensayos que tuvieron como inesperado aliado al almacenero de la esquina, un aficionado a la música que los llevó a tocar en fiestas de la vecindad. Después llegaron Antonio Sureda en bandoneón y Humberto Canataro en guitarra. El cuarteto pasó por cines y bailes, acompañando incluso películas mudas, hasta transformarse en el recordado Trío América.
En los años veinte nació también el compositor: “Mi nena” fue su primera creación. Más tarde llegaron la Orquesta Rostán, Julio De Caro y tres viajes consecutivos a Brasil. Allí Arcieri dirigió su propio conjunto y prolongó su actividad en Río de Janeiro.
De regreso, su camino se cruzó nuevamente con Ricardo Tanturi y con formaciones como Los Matreros. En los años cuarenta integró la orquesta de Tanturi, cuando el tango vivía una de sus épocas de mayor esplendor.
Quedaron también sus tangos: “Pinta orillera”, “Derrotado”, “Delirando”, “Campanario” y “Cachivache”. Murió en Buenos Aires el 5 de mayo de 1952. Contaba apenas 43 años. Quizá por eso su historia parece todavía más breve: la de aquel muchacho de Balvanera que, contra todos los pronósticos, convirtió un violín en una forma de vida y dejó su nombre escrito, discretamente, entre los músicos que ayudaron a hacer grande al tango.









