Cantante, compositora y actriz, celebra hoy un nuevo cumpleaños después de más de dos décadas de recorrer una senda propia, donde la canción porteña convive con el teatro, la poesía y los lenguajes de la música contemporánea.
No levanta la voz, puede mirar hacia atrás, a su historia familiar y, al mismo tiempo, avanzar con andar personal. Es la construcción artística que edificó Mónica Pelay, una artista que entendió que respetar al tango no significa dejarlo quieto.
Hay algo de escenarios de sus ancestros incluso cuando canta. Tal vez sea inevitable: el teatro forma parte de su paisaje familiar. Su padre fue el escritor y director Horacio Pelay; su abuelo, Ivo Pelay, que dejó una obra enorme en el teatro musical argentino y puso su firma, entre tantos trabajos, en las letras de "Adiós Pampa Mía" y "La Morocha". Pero la nieta no recibió ese legado para convertirlo en pieza de museo.
Con más de veinte años de trayectoria, Mónica fue construyendo otra conversación con la música ciudadana. Su interpretación se permite respirar, escapar de los moldes y encontrarse con sonoridades brasileñas, contemporáneas y electrónicas. De allí surgieron trabajos como "Sutil", el EP "Mo", "Tango Calle" y, más recientemente, "En Calma".
También está la escena, donde su condición de actriz se vuelve parte del lenguaje. "LaTango" y "Tango Frontera" son pruebas de esa mirada que entiende al género como relato, cuerpo, poesía y memoria.
Hoy, en el día de su cumpleaños, Mónica Pelay celebra con una certeza: el tango puede conservar su perfume de Buenos Aires y, sin perderlo, seguir descubriendo caminos.









