Nació en Cañada de Gómez y desde muy joven encontró en la radio, el teatro y el tango un camino que la llevó hasta Buenos Aires, Brasil y el cine. Fue cancionista, actriz, bailarina y compositora. Su historia quedó ligada a una época en la que una voz podía conquistar al público sin necesidad de dejar discos.
Anita Fanny Luchi, conocida artísticamente como Fanny Loy, nació el 25 de septiembre de 1917, en un barrio de Cañada de Gómez poblado por trabajadores del ferrocarril. Alguna vez recordó que sus primeros acompañamientos musicales fueron los silbatos de las locomotoras. Después llegó Rosario, la escuela, las fiestas familiares y una vocación que todavía no tenía nombre.
Primero fue el baile. Después apareció el canto. Una prueba en LT1 recibió un rechazo terminante: le dijeron que su voz era “antimicrofónica”. Fanny no escuchó aquel pronóstico. Insistió en LT8 y esa misma noche consiguió contrato.
En 1934 viajó a Buenos Aires junto al pianista Manuel Sucher para participar del concurso organizado por la revista “La Canción Moderna”. Ganó. El premio fue un contrato con Radio Belgrano, donde rápidamente se convirtió en una figura reconocida. La radio, el teatro y luego Radio El Mundo y Radio Prieto ampliaron su popularidad.
También cruzó fronteras. En Brasil actuó en Río de Janeiro y San Pablo. En 1941 José Agustín Ferreyra la llevó al cine con “La mujer y la selva”, película en la que interpretó “Rebeldías”, “Cuando se ama” y “La mujer y la selva”. Fue su única experiencia cinematográfica.
Fanny Loy también escribió canciones. Entre ellas quedaron “Resignación”, “Tango humorístico”, “Mañanita de campo” y “Ay nenita dame un beso”. No grabó discos, pero su voz sobrevivió en registros cinematográficos. Y así, entre la radio, el escenario y aquellas viejas películas, quedó la memoria de una artista que nunca aceptó que una primera puerta cerrada fuera el final de la historia.









