viernes, 23 de octubre de 2026

UN EMBLEMA SEMPITERNO DEL TANGO DANZA: Luis Grondona, el guardián de un canyengue que volvió a latir | El Tordo Gotán

 



Desde las milongas del sur del conurbano hasta los escenarios del mundo, hizo del abrazo y el andar pausado una marca propia. Junto con su esposa, Mirta Sol, rescató una manera de bailar que parecía condenada al olvido.


El tango marcó el rumbo de su vida. Luis Grondona, nacido en Mar del Plata el 23 de octubre de 1938, encontró en Avellaneda el territorio donde echar raíces en la danza. Apenas contaba 13 años cuando ya se movía al compás de las orquestas y frecuentaba clubes de barrio, entre ellos el Sportivo Valentín Alsina, donde la milonga era escuela.


Su talento lo llevó a bailar con la orquesta de Juan Canaro. También recibió de César «Tito» Lusiardo enseñanzas fundamentales para dominar los frentes del escenario, un aprendizaje que acompañaría su recorrido artístico.


Pero su huella más profunda quedó ligada al canyengue. Junto con Mirta Sol, construyó una forma singular de interpretar el tango danza: el cuerpo apilado, el abrazo firme y ese andar cansino que parecía conversar con cada compás. No era solamente una manera de bailar; era recuperar una memoria de la danza que amenazaba con perderse.


Los viajes por el exterior le dieron reconocimiento y respeto. Dejó registros en exhibiciones junto a Marta Antón, en el Canal Solo Tango y en el material didáctico «Los Reyes del Canyengue», realizado con su compañera de vida y de pista.


De humor fresco, mirada franca y espíritu pícaro, Grondona enseñó a generaciones y compartió sus conocimientos con generosidad. Sombrero y lengue mediante, volvió a poner en escena una tradición relegada.


Su aporte excede los aplausos: ayudó a devolverle presente a un baile nacido de otras épocas. En cada abrazo que recupera aquel pulso arrabalero, su enseñanza sigue encontrando inspiración.


jueves, 22 de octubre de 2026

SU HISTORIA FUE DEL ROCK AL TANGO: Daniel Melingo, un loco lindo que unió a dos géneros | El Tordo Gotán

 



Músico, compositor, actor y aventurero de los sonidos, construyó una obra singular entre la irreverencia del rock y la poesía del arrabal. De Los Abuelos de la Nada a sus tangos de voz inconfundible, hizo todo con un estilo que puede resultar discutible pero de ineluctable origialidad.



Buenos Aires le marcó el camino desde la infancia. Entre Balvanera y Parque Patricios, Daniel Melingo fue forjando una sensibilidad que encontró en la música un espacio donde expresarla. Estudió guitarra clásica y clarinete en los conservatorios, pero su destino estaba lejos de cualquier molde académico.


En 1980 se incorporó a Los Abuelos de la Nada, junto a Miguel Abuelo, Andrés Calamaro y otros nombres fundamentales del rock argentino. Allí dejó su sello en canciones como «Chalamán». Dos años después, junto a Pipo Cipolatti, fundó Los Twist, una usina de humor y desparpajo que alumbró piezas como «Hulla hulla» y «Cleopatra (la reina del twist)».


También acompañó a Charly García, exploró nuevos horizontes en España y creó Lions in Love. Sin embargo, su aventura más personal tomaría forma cuando se internó en el tango. Desde «Tangos bajos» hasta «Santa milonga», desarmó solemnidades, rescató poetas del margen y les dio voz a personajes que caminaban entre la ternura, la noche y la derrota.


Su canto, áspero y vulnerable, parecía empecinarse en contar historias desde voces aguardentosas. No imitaba a los viejos tangueros: conversaba con ellos desde otro tiempo. En 2015 recibió el Premio Konex por su labor como cantante de tango y, en 2017, obtuvo un Gardel por «Andá».


El 30 de junio de 2026 partió al mundo espiritual, dejand en la música su estilo difícil de encasillar. En su universo, el rock podía bailar con el tango y la poesía interpelar al pasado desd el hoy. Su mensaje fue para los que se atreven a salirse del camino cómodo.

CUMPLEAÑOS DE UNA VERDADERA FIGURA DEL TANGO: José Colángelo, un auténtico discípulo de Troilo | El Tordo Gotán

 



Tiene una trayectoria de más de seis décadas, pianista, director y compositor dejó su huella junto a grandes nombres del género y construyó un estilo propio parido por el legado troileano.


José Leonardo Colángelo celebra un nuevo cumpleaños convertido en una referencia insoslayable del tango. Nacido en Buenos Aires el 22 de octubre de 1940, encontró en el piano su instrumento definitivo, impulsado desde chico por un entorno familiar donde la música ocupaba un lugar central.


Su carrera comenzó en 1955, con la orquesta de Alberto Dávila, y pronto lo llevó a compartir escenarios y grabaciones con distintas formaciones. En 1962, su incorporación a la orquesta de Leopoldo Federico para acompañar a Julio Sosa marcó un punto de inflexión. Aquella experiencia consolidó una manera de tocar en la que convivían la fuerza rítmica y la libertad expresiva.


El reconocimiento alcanzó otra dimensión a fines de 1968, cuando reemplazó a Osvaldo Berlingieri en la orquesta de Aníbal Troilo. Fue el último pianista de «Pichuco» y acompañó al maestro hasta sus últimos días, tanto en presentaciones como en registros discográficos.


Paralelamente, desarrolló su propio camino con el Cuarteto Colángelo, junto a Néstor Marconi, Omar Murtagh y Aníbal Arias. De esa etapa quedaron discos como «Trasnoche» y «La música de Julián Plaza». También compuso tangos como «Puerta de barrio» y «Mi tormenta».


Distinguido por su aporte a la cultura porteña y reconocido por la Academia Nacional del Tango, Colángelo sigue siendo una figura fundamental de una música que expresa en sus notas una tradición de pueblo viva, capaz de renovarse sin perder su esencia.

EL RUISEÑOR DE LAS CALLES PORTEÑAS: Ángel Vargas, ese cantor de empedrados y glicinas | El Tordo Gotán

 



Con un fraseo inconfundible, cálido y delicado, el cantor nacido en Buenos Aires conquistó al público junto a la orquesta de Ángel D’Agostino. Su recuerdo conserva intacta la emoción de una época dorada del tango.



En la voz de Ángel Vargas, el tango encontraba una manera distinta de contar la vida. No necesitaba alardes ni una potencia desmedida: le bastaban la cadencia justa, una inflexión sutil y esa dulzura entre compadrita y confidencial que parecía llegar desde los patios de barrio, las esquinas y los cafés donde Buenos Aires aprendía a reconocerse.


José Ángel Lomio, su verdadero nombre, nació el 22 de octubre de 1904. Criado entre Parque Patricios y las calles cercanas de Barracas, descubrió temprano su vocación por el canto. Antes de conquistar los escenarios céntricos, pasó por cafetines, cines y pequeños locales, donde fue puliendo una personalidad artística que terminaría por distinguirlo.


Su historia quedó ligada para siempre a la del pianista Ángel D’Agostino. Juntos construyeron una sociedad musical extraordinaria, especialmente durante la década de 1940, con grabaciones que todavía iluminan el repertorio tanguero. «Tres esquinas», «Muchacho», «Ninguna» y «A pan y agua» son algunas de las piezas que permiten reconocer esa química: la orquesta envolvente, el cantor preciso y una emoción sempiterna.


Conocido como «El ruiseñor de las calles porteñas», Vargas también supo sostener su camino solista, acompañado por distintas formaciones y músicos de la talla de Eduardo Del Piano y Armando Lacava. Su interpretación conservó siempre esa intimidad capaz de convertir una historia sencilla en un sentimiento compartido.


El 7 de julio de 1959, cuando todavía estaba en actividad, partió a los 54 años, tras complicaciones derivadas de una operación pulmonar. Hoy perviven sus discos, su fraseo y una Buenos Aires que vuelve a escucharse cada vez que su voz acaricia un tango. En ese universo de glicinas, nostalgia y barrio, Ángel Vargas sigue cantando.

miércoles, 21 de octubre de 2026

MÚSICA, AMISTAD Y TRADICIÓN: Quilmes se prepara para una nueva peña con tango, folklore y melodías inolvidables | El Tordo Gotán

 



El próximo 25 de octubre, a las 13, la Peña de Tony Gallo y Mechi Barraz abrirá sus puertas en la avenida Calchaquí 2004, con la presencia estelar de Carlos Morel y una propuesta pensada para compartir la música y las tradiciones populares.


La música popular volverá a ser protagonista en Quilmes con una nueva convocatoria de la Peña de Tony Gallo y Mechi Barraz, que promete una jornada de encuentro, canciones y expresiones arraigadas en la cultura argentina.


La cita será el 25 de octubre, desde las 13, en el salón ubicado sobre la avenida Calchaquí 2004. El encuentro tendrá como figura destacada a Carlos Morel, quien aportará su presencia artística a una programación que recorrerá distintos géneros, con el tango, el folklore y la música melódica como ejes de la propuesta.


Las peñas conservan un lugar especial en la vida cultural bonaerense. Son espacios donde la música se disfruta de cerca, las voces encuentran su público y cada interpretación invita a compartir una mesa, una charla y el placer de escuchar a artistas en vivo. En ese espíritu se inscribe esta convocatoria, impulsada por Tony Gallo y Mechi Barraz.


La propuesta está dirigida tanto a quienes siguen de cerca estos géneros como a quienes buscan una salida diferente para disfrutar de una jornada atravesada por la música y las costumbres populares.


Con la expectativa puesta en la actuación de Carlos Morel, Quilmes tendrá una nueva oportunidad para reunirse alrededor de una tradición que mantiene su vigencia generación tras generación.


DATOS DE LA PEÑA


Lugar: avenida Calchaquí 2004, Quilmes.

Fecha: 25 de octubre.

Horario: 13 horas.

Géneros: tango, folklore y melódico.

Reservas y consultas: 11 2261-6198 / 11 5144-2742.

TANGO, MÚSICA Y ENCUENTRO EN BUENOS AIRES: Almagro Tango Show prepara una noche de gala con grandes figuras y voces del género | El Tordo Gotán

 





El sábado 7 de noviembre, el salón Gala de la Ciudad de Buenos Aires será escenario de una propuesta que reunirá a intérpretes, músicos y artistas populares, con una cena show pensada para celebrar la vigencia del tango y el encuentro entre distintas generaciones.



El tango tiene esa virtud de volver a convocar alrededor a cada rato a quienes lo mantienen vivo sobre el escenario y a su público. Con ese espíritu, Almagro Tango Show anuncia una velada especial para el sábado 7 de noviembre, desde las 20:30, en el salón Gala, ubicado en Moreno 3682, sede del Centro Navarro de Buenos Aires.


La cartelera reúne nombres de reconocida trayectoria junto a nuevas voces. Entre las figuras anunciadas aparecen Camila Heredia, Héctor Roldán, Soledad del Valle y Alberto "Tango" Aielo, en una programación que promete música, interpretación y momentos de auténtica celebración tanguera.


La conducción estará a cargo de Omar Colombo, mientras que el aporte de bandoneón y guitarra contará con Cindy Harcha y Bruno Venturía, aportando el marco instrumental que identifica a una tradición profundamente arraigada en la cultura porteña.


La propuesta también incluye una destacada participación artística de Raúl Lacrouts, Eliana Stazo, Naty Fabré, Susy Morán y Martín Reinoso. En el caso de Naty Fabré, su vínculo con el mundo del espectáculo forma parte de una historia familiar: es hija del recordado productor Aldo Fabré, un nombre escrito con letras doradas en la historia cultural argentina.


La organización ofrece una cena show de 45.000 pesos por persona, que incluye entrada, plato principal, postre, café y derecho al espectáculo. Las reservas se realizan a través de los teléfonos 11 5637-7276 y 11 6570-0940.


Una invitación a compartir la mesa, escuchar buenas voces y dejar que el tango vuelva a ocupar el centro de la escena.

MÚSICA, AMISTAD Y REPERTORIO PROPIO: “Canciones con historias”: dos voces, un encuentro y mucho para contar | El Tordo Gotán

 



Vivi Verri y Claudia Levy compartirán escenario el sábado 24 de octubre en La Biblioteca Café, en una propuesta que invita a escuchar de otro modo, descubrir historias detrás de las melodías y disfrutar de un mediodía donde la música será la gran protagonista.



El arte tiene variopintas de formas de convocar y propone un sin fin de relaciones y vínculos que unen a notas musicales con vivencias. Sobre esa relación entre la música y la vida se construye “Canciones con historias”, el espectáculo que reunirá a Vivi Verri y Claudia Levy en La Biblioteca Café, el sábado 24 de octubre, a las 13.


La invitación llega con el entusiasmo de quien prepara algo más que una actuación. El show promete la cercanía que nace de la amistad y anticipa una reunión en la que habrá lugar para compartir canciones, experiencias y momentos especiales. La presencia de Claudia Levy, con sus composiciones propias, le dará al encuentro un sello particular.


El repertorio promete acercar al público a ese universo donde a cada tema se le corre el velo de lo que intenta graficar, más allá de su música. Porque una canción puede ser una confidencia, una pequeña escena cotidiana o una manera de poner en palabras aquello que cuesta explicar.


La cita será en el tradicional espacio de La Biblioteca Café, con una propuesta pensada para disfrutar sin apuros, un melodía, relatos y complicidades. Dos artistas, distintas sensibilidades y una misma pasión por la canción encontrarán allí el marco para estrecharse con el público.


El sábado 24, desde las 13, la música tendrá su mesa servida. Y cada historia, un público dispuesto a regalarse disfrute.

El RECUERDO DE UNA VOZ INOLVIDABLE: Pablo Moreno, 103 años del nacimiento del "tano" más rioplatense | El Tordo Gotán

 



De origen italiano y formación rioplatense, conquistó el respeto de sus colegas con una voz de barítono, matices delicados y una interpretación memorable de «Anoche». Compartió escenarios y amistad con Julio Sosa, aunque el destino no le reservó la consagración popular que merecía.



La historia de Pablo Moreno, cuyo nombre real era Leonardo Blas Papasso, estuvo marcada por el talento, la perseverancia y una particular sensibilidad para decir el tango. Nacido en Cosenza, Italia, el 21 de octubre de 1923, encontró en Montevideo el escenario de sus primeros sueños artísticos.


Desde adolescente trabajó para ganarse la vida y destinó parte de sus ingresos al estudio del canto. A los 16 años ganó un concurso que le abrió las puertas de la radio y de importantes escenarios uruguayos. Su recorrido incluyó las orquestas de Emilio Pellejero, Roberto Luratti, Juan Bauer y Hugo Di Carlo.


En Buenos Aires encontró una oportunidad decisiva junto a Francini-Pontier, formación con la que compartió micrófono y una estrecha amistad con Julio Sosa. El 17 de junio de 1952 grabó «Anoche», de Cátulo Castillo y Armando Pontier, una interpretación que quedó entre las más recordadas de su carrera.


Su voz suave, varonil y expresiva despertó admiración entre músicos y cantores. Atilio Stampone lo definió como un excelente artista y lamentó que no alcanzara una popularidad acorde con sus condiciones.


También dejó su marca junto a Stampone y Aquiles Aguilar, antes de que las dificultades laborales lo llevaran a recorrer otros rumbos. En 1965 se alejó del canto profesional y se dedicó a la gastronomía en Uruguay.


El 4 de septiembre de 1980, víctima de un cáncer de pulmón, partió en Montevideo, próximo a cumplir 57 años. El recuerdo de su trayectoria conserva el eco de una voz sin el reconocimiento merecido.

A 114 AÑOS DE SU NACIMIENTO: Lalo Scalise, un pianista con la bohemia porteña en cada tecla | El Tordo Gotán

 



Pianista, director y compositor, Eduardo Scalise Regard hizo de la sensibilidad y la destreza sus marcas personales. Compartió escenarios con grandes figuras del tango, recorrió Europa junto a Tania y Enrique Santos Discépolo y dejó una huella que todavía resuena en la memoria del género.



El piano fue para Lalo Scalise mucho más que un instrumento: fue el territorio donde la precocidad se convirtió en oficio y la amistad, en música. Nacido en Buenos Aires el 21 de octubre de 1912, recibió del bandoneonista Vicente Demarco un apodo que definía su talento: «el poeta del piano».


A los once años ya había compuesto «Rosa de fuego», y poco después tocaba con una pequeña orquesta infantil en cafés del barrio. Su juventud no le impidió abrirse camino entre los grandes. En 1930 se incorporó a la orquesta de Pedro Maffia, con quien permaneció hasta 1933, alternando escenarios y grabaciones. Su interpretación de «Loca bohemia», de Francisco De Caro, revelaba una sensibilidad inusitada.


Su recorrido también lo llevó junto a Tania y Enrique Santos Discépolo por Marruecos, España, Portugal y París. Con «Discepolín» cultivó una amistad entrañable: como el poeta tenía dificultades para escribir música en el pentagrama, Scalise transcribió numerosas de sus creaciones. Entre bromas, recordaba aquellas tardes en las que la compañía de su amigo parecía importar mucho más que el trabajo.


También dejó su sello junto a Osvaldo Fresedo, con quien desarrolló adornos pianísticos y un canto a dos octavas que influyeron en otras orquestas. «Buscándote», «Firulete» y «Déjame soñar» figuran entre sus composiciones más recordadas.


Al frente de la editorial musical EMBA y siempre ligado al tango, emprendió una gira por Sudamérica que lo llevó a Venezuela. En Caracas partió el 10 de abril de 1972, sin haber cumplido los sesenta años. Se iba un virtuoso pero sus partituras, sus innovaciones y aquella manera de convertir cada nota en una pequeña historia quedaron para siempre.


Aniversario del natalicio de un cantor criollo: Alberto Acuña, a 130 de su nacimiento | El Tordo Gotán

 



Desde los centros criollos hasta los escenarios porteños, construyó una trayectoria entre guitarras, dúos memorables y composiciones que encontraron en las voces de Carlos Gardel e Ignacio Corsini intérpretes de excepción.




Llegó a esta vida en Lomas de Zamora el 21 de octubre de 1896. Alberto Hilarión Acuña encontró en el canto una vocación temprana, alimentada en los centros criollos de La Plata y en los círculos de arte nativo de Buenos Aires y Avellaneda. Cantor, guitarrista, letrista y compositor, fue parte de una época en la que la música popular encontraba en la radio, los discos y los teatros nuevos caminos para llegar al público.


Hacia 1924 formó con René Ruiz el dúo Ruiz-Acuña, celebrado por la crítica y convertido en figura de los discos Nacional Odeon, las emisoras y la cadena de cines Max Glücksmann. Con el acompañamiento de Ismael Gómez y Guillermo Daviz, recorrió escenarios porteños y del interior, en una sociedad artística que dejó huella en el cancionero nacional.


Su obra alcanzó un vínculo singular con Carlos Gardel, quien grabó seis composiciones suyas, entre ellas «La choyana», «Del infierno adelante» y «Colorao colorao». Sin embargo, Acuña aclaró en una nota de 1965 que el trato con el cantor había sido escaso y fundamentalmente comercial. La anécdota revela una época en la que las canciones podían trascender a sus autores y encontrar destino en voces extraordinarias.


También Ignacio Corsini llevó al disco sus valsecitos «Temblando» y «Noche de tormenta». Tangos, zambas, milongas y estilos completaron un repertorio fecundo, construido junto a poetas y músicos de su tiempo.


Una reseña de 1929 llegó a colocar al dúo Ruiz-Acuña casi a la altura del legendario Gardel-Razzano. Alberto Acuña partió el 6 de diciembre de 1975, pero su nombre permanece ligado a la tradición criolla.