Nació un 30 de septiembre y desde aquella infancia en la que escuchaba cantar a su madre fue construyendo, casi sin proponérselo, una vida alrededor del tango. Escenarios, radios, teatros, discos y encuentros con grandes nombres de la música popular acompañaron un camino sostenido por la identidad.
La faceta artística de Beatriz Villar nació en su casa, entre los discos de Carlos Gardel que coleccionaba su padre y los tangos que su madre cantaba mientras hacía las tareas domésticas. Antes de los grandes escenarios estuvieron el almacén, la peluquería, la carnicería y aquellos vecinos que, al reconocerla, le pedían una canción.
En la escuela cantó "La morocha" y hasta llegó Canal 13 para filmarla. Más tarde, en la adolescencia, el folklore la llevó por peñas y radios porteñas. Pero fue en 1989, al ganar el concurso para convertirse en vocalista de la Banda Municipal de Lomas de Zamora, cuando el tango tomó definitivamente el centro de su historia.
En su camino también estuvieron los teatros, las radios, "Grandes valores del tango", el concurso "Hugo del Carril" y, en 1994, una escena inolvidable: compartir la Plaza Grigera con Osvaldo Pugliese. También Nelly Omar, su madrina artística, ocupó un lugar entrañable en ese recorrido.
Grabó los discos: "Amigos que yo quiero", "Gardela de Guaminí", "Yo, mujer" y "Volver en guitarra", este último con 24 canciones, nueve de su autoría, dedicadas a los afectos, al barrio y a la memoria.
Hoy Beatriz Villar celebra un nuevo cumpleaños. Y acaso no haya mejor manera de saludarla que recordando aquello que empezó cuando era niña: cantar porque había una canción adentro y porque siempre hubo y hay alguien dispuesto a escucharla.









