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jueves, 11 de marzo de 2010

Nota a Carlos Warren en un medio uruguayo.

Esto cuenta Carlos Warren de aquella época inicial del tango en la ciudad de Mercedes, República Oriental del Uruguay: “Con motivo de una fiesta celebrando la fundación del 9º de Caballería, se realizó en el Cuartel General Luna, un baile para la tropa y sus chinitas. La música estuvo a cargo de Primitivo Larrobla, clarinetista que fue 2º maestro de la Banda”.

“A un grupo de muchachos nos fue permitido presenciar el baile desde afuera; recuerdo que el éxito fue un tango que Larrobla llamaba “La lata” y que acompañaba con golpes en una lata de queroseno; ese tango era muy parecido al que más tarde conocimos como “La
morocha”.



“Un día llegó a la ciudad de Mercedes un joven catalán llamado Juanito Pujado que venía a trabajar con su tío, don Magín Pujado, propietario del café “Casino”. Juanito tocaba varios instrumentos, flauta, violín, piano y guitarra y con frecuencia recibía las últimas novedades musicales desde Buenos Aires. Él fue quien me proporcionó las partituras de los primeros tangos que toqué: “La morocha”, “El choclo”, “El porteñito”, ...

“Ese año visitó Mercedes un transformista e imitador, Lopetti; el hombre necesitaba un pianista que lo secundara. Un amigo que nunca falta, me instó para que me animara a aceptar la tarea y acepté”.

“En el intervalo debía tocar una sinfonía; arremetí con “La morocha”. Al terminar, se desató una estruendosa batahola; me parecía que la sala entera se desmoronaba y me golpeaba en la cabeza. Permanecí quieto, mientras continuaba la ovación interminable”.

“Una media voz de gracioso acento hispano, salió de la primera fila de la platea; detrás de mi, aventuré de soslayo una mirada angustiosa: era don Claudio Gómez que me animaba: Tócalo otra vez, hombre, que es por ti”.

“La morocha” había hecho su aparición triunfal en Mercedes y aquellos aplausos fueron los más inolvidables de mi vida artística”.



También nos contó esta historia de su padre: “Una tardecita se juntaron con unos amigos y decidieron ir a buscar a Canaro a su casa. Golpearon la puerta de calle y les atendió el padre del músico maragato, quien con marcado acento italiano les preguntó”:
- “¿Qué quieren?”
- “¿Está Pirincho?”
Esta fue la respuesta del dueño de casa:
- “Cuí non vive nengún Pirincho, cuí vive el maestro Francisco Canaro” .

- “Rápido como un rayo mi padre dijo: Señor ¿puede entonces decirle al maestro Francisco Canaro que lo buscan unos amigos?”

“Sin responderle el hombre se dio vuelta y gritó: Pirincho, te buscan”.


De esa época del cine mudo contaba mi mamá: “Para nosotros el biógrafo nos daba un doble espectáculo, simultáneo y separado a la vez: uno visual y otro de audio. El visual eran las imágenes de la cinta proyectadas en la pantalla y el sonoro, el que nos ofrecía el pianista de las matinées que seguía las incidencias del argumento con acordes graves de suspenso, veloces escalas de notas agudas las carreras de los delincuentes o con valses románticos las escenas de amor”.

En una nota que REBAR (Raúl Barbero) escribió en el diario “El País” del 24 de enero de 1999 con el título de: “Nombres de antología para la amplia legión de tangueros. TÍPICAS DE ANTAÑO”, se lee: Por la noche desaparecía aquel auténtico payador del teclado y emergía en el amplio foso al pie de la pantalla, la orquesta...con un director...dispuesto a atender los pedidos que en forma de cedulitas, el público hacía llegar con el chocolatinero o el acomodador”.

“Por un shimmy o un pasodoble que se solicitara se reclamaban diez tangos: Organito de la tarde...Galleguita...Tiempos viejos...y obviamente, exigidos por el coro de la tertulia, Leguizamo solo y La cumparsita”.

Y continúa la nota de REBAR: “No podía concebirse que una sala céntrica o barrial careciera de una orquesta. En ocasiones, tanto como la atracción del programa cinematográfico, podía decidir una elección el director de la típica: ¿Dónde toca Carlitos Warren? Firpito ¿en qué biógrafo está? ¿el maestro Rogelio Mastrángelo (quien fuera el profesor de canto de la Escuela Gran Bretaña, a la que el autor de esta nota asistió) por dónde anda?”

“Cada batuta tenía su barra adicta, que se hacía presente con sostenidos aplausos y demanda de otra a grito pelado. Sin duda Warren era el number one”.


Y terminaba Warren diciendo: “Yo creo que no condice el origen humilde del tango, el carácter plebeyo que tiene, con una ambiciosa denominación en el sentido técnico-musical. Me quedo con la denominación de orquesta típica a secas, no porque crea que el tango no se lo merezca, sino porque lo prefiero vestido con su propio ropaje”.


Sobre el tipo de música que hacía opinaba así: “Aparte de la música clásica, que no admite parangón de ninguna especie, prefiero el tango, que es lo que más fielmente expresa la idiosincrasia de nuestro pueblo, música compadre y tristona a la vez, es la expresión del alma popular. Pero también me gusta la música rítmica; la rumba, por ejemplo”.

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