miércoles, 23 de septiembre de 2026

A 121 años de su nacimiento: Francisco Fiorentino, la voz que encontró su inmortalidad junto a Pichuco | El Tordo Gotán

 



Nació un 23 de septiembre de 1905, en San Telmo. Fue bandoneonista, estribillista y, finalmente, uno de los grandes cantores de orquesta del tango. Junto a Aníbal Troilo dejó una marca que el tiempo no consiguió borrar.



Había nacido en San Telmo, cuando Buenos Aires todavía olía a barrio, a café y a tango recién estrenado. Francisco Fiorentino llegó al mundo el 23 de septiembre de 1905 y, con los años, terminaría convirtiéndose en una de esas voces que parecen quedar suspendidas en el aire, aun cuando el cantor ya no está.


Primero fue bandoneonista. Su hermano Vicente, violinista, descubrió en él una aptitud musical que Francisco alimentó estudiando con Minotto Di Cicco. Después llegaron las orquestas: Canaro, D’Arienzo, Cobián, Zerrillo, Maffia. En aquellos tiempos era estribillista, apenas una parte de la canción. Pero Fiorentino estaba destinado a otra cosa.


El encuentro con Aníbal Troilo, en 1937, cambió todo. Con Pichuco encontró el marco exacto para que su fraseo porteño, su calidez y esa voz pequeña pero profundamente emotiva alcanzaran otra dimensión. Durante seis años fueron una sociedad artística difícil de separar. De aquella etapa quedaron páginas memorables como “Tinta Roja”, “Barrio de Tango”, “Malena”, “Farol” y “El Cuarteador”.


Después vinieron Piazzolla, Basso, Mancione y otras orquestas. El brillo fue declinando, pero nunca la dignidad del cantor. Murió en Mendoza, el 11 de septiembre de 1955, pocos días antes de cumplir 50 años.


Quedó su voz. Quedó su estilo. Y quedó también aquella definición que parece escrita para él: “Para el verdadero cantor, el triunfo es sólo un complemento”.

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