Pianista, compositor y letrista, Rodolfo Sciammarella fue un creador de extraordinaria facilidad, capaz de instalar sus canciones en la memoria popular. Sin embargo, el éxito comercial, la publicidad y sus convicciones políticas acaso contribuyeron a relegarlo en ciertos inventarios de la historia tanguera.
Buenos Aires lo vio nacer un 8 de octubre de 1902. En una familia donde la música formaba parte de la vida cotidiana, Rodolfo Aníbal Sciammarella eligió el piano y encontró pronto el camino hacia la radio, el teatro y el disco. En 1926 comenzó su labor profesional y también nació «No te engañes corazón», el tango que Ignacio Corsini estrenó aquel año y que, tiempo después, Carlos Gardel incorporaría a su repertorio.
Gardel le grabó otros títulos, entre ellos «Por qué me das dique», «Che Bartolo», «Dos en uno» y «Vieja recova». No era poca cosa. Sin embargo, Sciammarella quedó muchas veces al margen de las enumeraciones consagratorias, como si la facilidad para componer, el gusto popular y el trabajo publicitario fueran pecados que la posteridad no terminara de perdonarle.
Su música atravesó generaciones y escenarios. Musicalizó unas ochenta películas, además de comedias y revistas teatrales. Libertad Lamarque cantó «Andate» y «Arrepentido»; Charlo difundió «Parece mentira» y el vals «Salud, dinero y amor». Francisco Lomuto, por su parte, llevó al disco numerosos títulos de su autoría.
Hacia 1950, Alberto Castillo convirtió «Por cuatro días locos» en una marcha que el país aprendió de memoria. También quedaron «Hacelo por la vieja» y «Chatita color celeste», entre tantas composiciones nacidas de aquella inspiración inagotable.
Su adhesión al peronismo lo llevó a escribir «Evita capitana». Tras el golpe de 1955, partió al exilio: primero México, después España. Regresó cuando Buenos Aires ya era otra ciudad y el tango había perdido buena parte de su antiguo espacio.
Quienes lo cruzaron por Corrientes o Callao recuerdan su andar activo, su vitalidad intacta. Partió el 24 de junio de 1973, a los setenta años. Quizá su mejor reconocimiento siga estando en aquellas melodías que, pisando fuerte ante los críticos, todavía encuentran unos labios dispuesta a silbarlas.

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