miércoles, 21 de octubre de 2026

A 114 AÑOS DE SU NACIMIENTO: Lalo Scalise, un pianista con la bohemia porteña en cada tecla | El Tordo Gotán

 



Pianista, director y compositor, Eduardo Scalise Regard hizo de la sensibilidad y la destreza sus marcas personales. Compartió escenarios con grandes figuras del tango, recorrió Europa junto a Tania y Enrique Santos Discépolo y dejó una huella que todavía resuena en la memoria del género.



El piano fue para Lalo Scalise mucho más que un instrumento: fue el territorio donde la precocidad se convirtió en oficio y la amistad, en música. Nacido en Buenos Aires el 21 de octubre de 1912, recibió del bandoneonista Vicente Demarco un apodo que definía su talento: «el poeta del piano».


A los once años ya había compuesto «Rosa de fuego», y poco después tocaba con una pequeña orquesta infantil en cafés del barrio. Su juventud no le impidió abrirse camino entre los grandes. En 1930 se incorporó a la orquesta de Pedro Maffia, con quien permaneció hasta 1933, alternando escenarios y grabaciones. Su interpretación de «Loca bohemia», de Francisco De Caro, revelaba una sensibilidad inusitada.


Su recorrido también lo llevó junto a Tania y Enrique Santos Discépolo por Marruecos, España, Portugal y París. Con «Discepolín» cultivó una amistad entrañable: como el poeta tenía dificultades para escribir música en el pentagrama, Scalise transcribió numerosas de sus creaciones. Entre bromas, recordaba aquellas tardes en las que la compañía de su amigo parecía importar mucho más que el trabajo.


También dejó su sello junto a Osvaldo Fresedo, con quien desarrolló adornos pianísticos y un canto a dos octavas que influyeron en otras orquestas. «Buscándote», «Firulete» y «Déjame soñar» figuran entre sus composiciones más recordadas.


Al frente de la editorial musical EMBA y siempre ligado al tango, emprendió una gira por Sudamérica que lo llevó a Venezuela. En Caracas partió el 10 de abril de 1972, sin haber cumplido los sesenta años. Se iba un virtuoso pero sus partituras, sus innovaciones y aquella manera de convertir cada nota en una pequeña historia quedaron para siempre.


No hay comentarios:

Publicar un comentario