De estampa recia y voz profunda, Carlos Ernesto Di Loreto, conocido para siempre como Carlos Acuña, construyó una trayectoria que lo llevó desde las principales radios porteñas hasta los escenarios europeos. Cantor de estirpe gardeliana, amigo entrañable de Juan Domingo Perón y embajador del tango en el mundo, dejó una historia marcada por la música y la lealtad.
El tango tuvo en Carlos Acuña una garganta capaz de interpretar sus letras con el timbre característico del dos por cuatro. Su manera de decir, de respetar los giros de la canción porteña y de llevar cada verso hasta el sentimiento más hondo, le dio un lugar entre los grandes vocalistas de todos los tiempos.
Nacido en Buenos Aires el 4 de noviembre de 1915, estudió con Ricardo Domínguez y Eduardo Bonessi, maestro que también había formado a Carlos Gardel. En 1933 debutó en Radio París como Carlos Dillon, pero una observación de un amigo carnicero, que cuestionó aquel apellido inglés para un cantor nacional, terminó bautizándolo definitivamente como Acuña.
Su paso por las orquestas de Carlos Di Sarli y Rodolfo Biagi, junto a Roberto Rufino y Alberto Amor, respectivamente, enriqueció una carrera que también tuvo el sello de Mariano Mores. Con este último recorrió escenarios del país y del exterior, compartiendo cartel con figuras como Tita Merello y Tito Lusiardo.
En 1961, España se convirtió en su nueva residencia. Madrid le ofreció reconocimiento, grabaciones y una popularidad que le valió el apelativo de «el otro Gardel». Allí cultivó una profunda amistad con Juan Domingo Perón, durante su exilio, y se transformó en su delegado personal, vínculo que lo llevó a realizar distintos viajes a la Argentina.
Autor de tangos como «Un boliche», «Che Madrid» y «Ramona Barcelona», recorrió 36 países llevando el Tango como bandera. El 19 de febrero de 1999, en Buenos Aires, partió aquel cantor que con su estilo gardeliano logró pisar fuerte en cada escenario del orbe.
