jueves, 5 de noviembre de 2026

A 130 años de su nacimiento, el recuerdo de uno de los grandes melodistas del tango argentino. ANSELMO AIETA, EL RECUERDO DE UN BANDONEÓN QUE MARCÓ CAMINOS | El Tordo Gotán

 



Su música atravesó generaciones y encontró en las formas melódicas del tango un cauce extraordinario para sobresalir. Junto a Francisco García Jiménez conformó una de las sociedades autorales más perdurables del género, el gran Carlos Gardel llevó dieciséis de sus composiciones al disco.



El 5 de noviembre de 1896, en el barrio porteño de San Telmo, nació Anselmo Alfredo Aieta. Su infancia transcurrió entre trabajos humildes: fue canillita, lustrabotas y repartidor de telegramas. La música, sin embargo, ya reclamaba su misión. Primero conoció la concertina y, con el fruto de cinco años de trabajo en una fábrica de cigarrillos, consiguió su primer bandoneón.


Intuitivo y autodidacta, encontró en el fueye un camino personal. Sus comienzos profesionales se remontan a 1913, en el café La Buseca de Avellaneda, junto a Agustín Bardi y Graciano De Leone. Compartió escenarios con Eduardo Arolas y otros nombres fundamentales de aquella época, hasta incorporarse a la orquesta de Francisco Canaro, donde permaneció hasta 1923.


Su nombre alcanzó dimensión propia al frente de sus conjuntos, con una actividad tan intensa que llegó a sostener varias formaciones simultáneas. Pero fue en la composición donde su inspiración adquirió vuelo mayor. Con Francisco García Jiménez mantuvo durante cuatro décadas una asociación memorable, responsable de páginas como «Siga el corso», «Carnaval», «Mariposita», «Alma en pena», «Bajo Belgrano» y «Palomita blanca».


Carlos Gardel, que lo contaba entre sus compositores predilectos, grabó dieciséis obras suyas. También incursionó en el cine, participando en «Los locos del cuarto piso» y «El forastero».


El 25 de septiembre de 1964, en Buenos Aires, Aieta partió. Su bandoneón quedó en silencio, pero aquellas melodías, nacidas de una sensibilidad profundamente popular, siguieron encontrando intérpretes y oídos dispuestos a reconocer en ellas la esencia del tango.

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